Aquel día de 1966 se enfrentaban en la ciudad tunera de Puerto Padre la novena local y la de Jobabo en el contexto de un campeonato territorial de béisbol. Para muchos de los aficionados locales, se trataba solamente de un compromiso más. Sin embargo, el juego tenía un incentivo especial: ver lanzar desde la lomita por los visitantes a Roldán Guillén, un superveloz derecho que hizo época en Cuba por ser dueño de una bola rápida poco común, terror de los bateadores y hasta de los receptores. Cuando habían transcurrido inmaculados los cinco primeros capítulos, el rapidísimo nonticulista jobabense ya acumulaba.. (Ver Más)